Quizás esto sea una mera
continuación al post anterior, quizás esto sea mi forma de desahogarme, o quizás
simplemente sea más salami. Puesto que todo empleado de servicio al cliente se
ha leído y ha aceptado como única realidad el Manual
del Empleado Dominicano entiendo necesario exponer mis ideas sobre el Gran
Servicio al Cliente evidenciado en nuestra queridísima jungla.
Como supuesta sociedad estamos
totalmente convencidos de que no merecemos ser atendidos o tratados de manera
digna por las empresas a las cuales pagamos por sus servicios. Parecemos creer
estar en la obligación de proveerle el servicio llamado “pago” a estas
empresas, sin recibir la debida retribución. Quizás simplemente seamos
conformistas, por lo que estamos satisfechos con el más mínimo servicio que nos
provea cualquier empresa, sin importar que estemos pagando un monto ridículo por
el mismo.
Aceptamos como norma absoluta presentarnos
en cualquier negocio y esperar que los empleados terminen de hablar por el celular
o simplemente se harten de bailar “ponme to’ eso pa’lanete”, antes de
solicitarles su ayuda. Pero no nos detenemos ahí, hemos llegado a prohibir
cualquier tipo de reclamo por parte del cliente al proveedor. Entendemos que
esto es una especie de pataleo necio y simplemente una conducta inaceptable.
Tengo para informarles mis
queridos lectores, que si algún día pensamos tener un servicio al cliente
eficiente, y digno de nuestro dinero, debemos ser exigentes con ellos. Esto
implica hacer el esfuerzo mínimo para no ser conformista, y tener que “coger la
lucha” de lidiar con ellos. Implica esperar en fila mientras la persona en
frente desahoga su furia con quien sea que lo esté atendiendo. En fin, implica
ser necio y exigente, pero sobre todo muy paciente. Por lo que esta en nosotros
(los clientes/usuarios/infelices que pagamos) si queremos un mejor servicio.
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