No es fácil ser un dominicano con
su cerebro en pleno funcionamiento y las cosas se ponen más difíciles cuando le
agregas una educación ética. No tengo estudios psicológicos ni sociológicos que
apoyen mi manera de pensar, pero ciertamente creo que se es más fácil cuando se
carece de cualquiera de las dos características mencionadas anteriormente. De
no usar el cerebro no me molestaría tanto cada vez que pienso en los problemas
que nos afectan como dominicanos. De no tener un CC de ética, también sería
feliz, pues estaría afiliado a un gran partido, y probablemente devengaría un
muy buen salario público, incluso quizás hasta ya estaría pensionado.
El problema de tener un cerebro
en funcionamiento es que hace particularmente doloroso el solo hecho de pensar
en como un grupo de parásitos (también conocidos como políticos) “nos lo están metiendo
frio”, y no hacemos nada al respecto. Duele saber que la sociedad civil local
es un disparate. Quizás sea porque nuestros cerebros funcionales saben a la perfección
la poca seguridad ciudadana y respecto a la vida que hay en nuestro país, por
lo que implícitamente tememos enfrentarnos al poder. Otros posiblemente más
avanzados caen en el pesimismo y concluyen que no vale la pena pues nada va
cambiar.
Es bastante difícil ver al pueblo
limitarse a quejas ante las medidas poco populares y de gran agravio tomadas
por el gobierno de turno. Es penoso ver como las protestas que si se hacen
reciben muy poco apoyo, por lo que reitero nuestra sociedad civil es un disparate,
y esta demasiado dividida. Da pena, ver que los diputados si apliquen el lema “hoy
por ti, mañana por mi” pero el resto de la sociedad no. Además del mínimo apoyo
a las protestas y la poca movilización de nosotros, me parece ridículo como
nuestra sociedad repleta de animales pretende ser civilizada al momento de
protestar. Esa última oración parece algo de Absurda Quisqueya.
Siguiendo con la burla que es
nuestra jungla, es increíble ver sociedades de países desarrollados como (del
Primer Mundo, de gente blanca, como quieran llamarles), realizan protestas (muchas
incluso tornaron violentas) reclamando un cese a la austeridad, cuando la
nuestra debería estar orando por la misma, sin embargo parece no interesarnos.
Al parecer nuestros geniales cerebros entienden que es más fácil conformarse
con el jodido estatus quo, y buscársela por otro lado.
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